
A mi invitada de hoy, tuve la suerte de conocerla por fin hace seis meses cuando presentaba en Avilés su nuevo trabajo teatral ‘Malditos Tacones’ y fue ahí cuando pude decirle lo especial que era para mi porque había estado muy presente en muchas de las etapas de mi vida. Y la magia que tiene ella junto a la que siempre nos regala la vida, ha querido que hoy, a escasos días de que este medio cumpla quince años, sea ella quien me acompañe una vez más y sumemos nuevos momentos. Algo que me hace muy feliz.
Olivia Molina, ¡bienvenida y muchas gracias!
Feliz de estar aquí charlar de esta función y de acompañarte en tu momento.
¿Cómo estás? ¿Qué tal está yendo la gira?
Estoy nerviosa. Siempre lo estoy, pero los días como hoy en los que llegas a una una ciudad nueva en la que empezamos temporada y con esta función tan potente siempre está todo un poquito más a flor de piel. Así que estoy nerviosa e inquieta pero agarrando el toro y con ganas de compartir esta historia.
Cuando hablamos la primera vez, que era cuando estabas a punto de estrenar, me comentaste que Magüi Mira, la directora de la función y con quien además trabajas por segunda vez, veía cosas en ti que tú no habías visto… Tú, ahora, habiendo pasado tantas funciones, ¿qué has visto en tu personaje María y que antes como por ejemplo en esa primera lectura de texto no habías visto?
Interesante… A ver el teatro y hacer giras largas tiene ese privilegio de poder ir profundizando cada vez más en ese recorrido que ya sabes desde el inicio cuál es, pero como nunca hay dos días iguales siempre tienes oportunidades nuevas de descubrir este viaje del personaje. Entonces, he descubierto algo muy importante que es el derecho que ella se da en buscar su verdad. A ella le han contado quién es, de donde viene y el oficio que tiene, pero ahora quiere darse el derecho de saber más y de renombrar ciertas cosas. Es una mujer que carga con un gran vacío, con un gran misterio, con grandes preguntas que no ha sabido responderse y que en un momento decide darse el derecho y tener la valentía de preguntar a su familia, que es Victoria (Luisa Martín) y saldar cuentas.
Creo que es importante y me resuena mucho como en un momento dado de la vida hay que ser clara con una misma y nombrar las cosas, porque luego nada es tan grave. Y ese viaje, es bonito.
Normalmente como nos ven los demás, no es como nos vemos nosotros. Y hablábamos de esto, de los ojos de Magüi Mira y también en la rueda de prensa hablábais de las piedras que los personajes se quitan de la mochila… Yo ahora por ejemplo estoy en ese momento de trabajar todo eso de las expectativas de los demás, el no juzgarme, el saber decir que no…
¡Qué viaje! Me encanta que lo digas porque veo que estamos todos en ese mismo impulso y es muy bonito sentirse acompañada… Creo que la madurez va a un poco de eso y de ir agarrando e integrando vivencias. Va un poco de atreverse a nombrar las lealtades, a saber de qué estamos hechas porque para poder soltarlo primero tienes que nombrarlo porque si no, lo que no se nombra no existe. Esta función habla de esto, si yo no pongo sobre la mesa cuáles son mis dolores, cuáles son mis heridas, cuáles son esas mochilas que cargo y esos malos entendidos, o incluso lo otro, las alegrías y conquistas, si no lo pongo ahí, no puedo dejar espacio para otras cosas porque ya están ocupando demasiado sitio.
Creo que es un momento muy colectivo de cambiar de etapa, de esto ya está o de vengo de esto y estas son las cosas que me han enseñado, pero ahora ¿qué más? puedo dejarlo a un lado y seguir viendo qué hay. Noto que es algo muy común. Un viaje de autoconocimiento.
Una de las cosas que creo que más unió y que más me gustó cuando nos conocimos es el amor que las dos sentimos por el teatro. Y hace poco tuve la suerte de subirme sola a un escenario y sentir una paz y una emoción que nunca había vivido… ¿Tú qué sientes sobre las tablas?
Es que el escenario te da un sitio, es una intimidad expuesta y muy compartida pero que a todo el mundo le resuena. Es curioso y es una especie de contradicción enorme porque en ese sitio tan expuesto me siento tan protegida… Yo cuando me subo ahí lo vivo con muchísimo respeto porque para mi es un privilegio poder ponerme en un espacio frente a otros seres humanos y utilizar las herramienta de la palabra y del cuerpo para contar y para contarnos, porque al final estamos hechas de lo mismo y es lo bonito del teatro, que es un espejo en el que tú ves a otro ser humano ser y te habla de ti. Y esa situación aparentemente sencilla es muy importante porque nos enseña, nos hace más tolerantes, más empáticos y nos hace entendernos… Y esa sensación que tú tuviste de vértigo, adrenalina y a la vez de paz, esa contradicción tan grande, es lo que yo siento también. Es algo muy mágico y muy bonito.
Y lo primero siempre también es de mucho respeto, porque la gente viene, deja su tiempo, su dinero y su esfuerzo, y es un trozo de su vida en el que lo dedican a escuchar esa historia y eso requiere un acto de agradecimiento interno y de respeto por la historia que estamos contando.
Yo te agradezco el tiempo que me has regalado hoy, el que siempre me regalas y el que nos brindas sobre las tablas. Y nos despedimos recordando que estaréis aquí en Valencia, en el Teatre Talia hasta el domingo 23 de febrero.
Así es. Aquí estaremos en este teatro hermoso que tenéis en Valencia y con muchísimas ganas. Y luego seguimos de gira hasta diciembre.
