Luis Mottola: «Todos hemos renunciado a algo de nosotros mismos para manejarnos en la sociedad y que nos dejen estar»

Tuve la oportunidad de trabajar con él durante varias ediciones del FEC Villamayor de Cine, él desde su labor comprometida de presentador año tras año, y yo iniciándome en este mundo dentro del área de postproducción… Por eso, me hace especial ilusión la visita de hoy, de Luis Mottola, que por primera vez se sienta en ‘en el Patio de Butacas’ y lo hace para hablarnos de su nuevo trabajo teatral ‘Gorila | La Jaula humana’ que podrá disfrutarse el próximo 16 de Junio en Madrid. 

Muchas gracias por tu tiempo, Luis. Bienvenido. ¿Cómo estás?
Estoy muy bien, gracias. En una etapa muy activa con las giras de teatro desde 2024, muy centrado en la escena y con varias películas recientes grabadas y en postproducción. Este año 2026 está siendo muy potente.

Tras recorrer Argentina y varios teatros españoles, el pasado mayo aterrizaste en el Teatro Muñoz Seca de Madrid, con ‘Gorila, la jaula humana’ ¿qué puedes contarnos sobre este nuevo trabajo?
Es una función que nació, como muchas cosas buenas, de una conversación con Edy Asenjo sobre qué querríamos contarnos en este momento de nuestras vidas. Lo que encontramos fue una nueva lectura de ‘Informe para una Academia’ de Kafka, un texto que, cuanto más lo lees, más contemporáneo te parece, más actual, hasta el punto de que empiezas a preguntarte si es verdad que Kafka nunca tuvo acceso a internet… De ese encuentro, construimos una propuesta muy visual, muy rompedora en lo formal, que viste la historia con la estética de un talk-show de los ochenta, con música, con mucho trabajo corporal, para contar algo que en el fondo es muy sencillo y muy brutal a la vez: que todos, en mayor o menor medida, hemos renunciado a algo de nosotros mismos para manejarnos en la sociedad y que nos dejen estar. Eso es ‘Gorila, la jaula humana’ y el público se reconoce inmediatamente porque es parte de su historia también.

En el montaje, hablas sobre la aceptación social, la apariencia o las ganas de encajar, y pone el foco en más temas como la pérdida de identidad en este mundo cada vez más uniforme… Creo personalmente que la cultura y el teatro en particular, nos ayuda muchos a calmarnos dentro de este caos o por lo menos, a mi me ha servido mucho… ¿cómo vives tú esta vorágine en la que nos encontramos inmerso?
Como tú, con más o menos éxito según el día. El ruido social es enorme y la tentación de dejarse arrastrar es constante. Con los años, yo he desarrollado una especie de gestión de la atención bastante selectiva y elijo muy conscientemente dónde pongo el foco y de dónde y de qué me desconecto. No siempre lo consigo, pero lo intento. El teatro ayuda mucho en ese sentido, no solo como espectador sino también como actor porque te obliga a un estado de presencia absoluta en el que el ruido exterior simplemente no cabe. Si estás en el escenario, no puedes estar en otro sitio y ese es una de las cosas del oficio que más valoro con el tiempo. Es una forma de crear una especie de isla en medio del caos.

Durante la obra interactúas con el público, y además, te encuentras únicamente tú solo durante todo el tiempo en el escenario ¿Cómo ha sido el proceso de preparación de tu personaje? 
El proceso empezó mucho antes de los ensayos, leyendo y releyendo el texto original de Kafka, buscando la lógica interna de Macumba, por qué hace lo que hace y, sobre todo, qué oculta. Luego, con Edy, trabajamos muy intensamente el lenguaje físico del personaje, que es muy específico, y que tiene que sostener esa dualidad permanente entre el humano perfectamente calibrado que Macumba proyecta y el animal que le aflora en algunos momentos. Ese trabajo físico fue largo y muy concreto porque no era cuestión de imitar a un gorila sino de encontrar cuáles son los gestos que se le escapan a alguien que lleva toda la vida intentando no serlo. Y luego, claro, la relación con el público, que en esta función no es convencional. Macumba los involucra, los interpela, los hace cómplices de su propia trampa. Preparar eso requiere un tipo de apertura y de escucha que no se ensaya igual que el resto de la función. Eso se aprende en directo, función a función.

«El teatro ayuda porque te obliga a un estado de presencia absoluta en el que el ruido exterior simplemente no cabe»

¿Supongo que quizás a nivel físico es un montaje que exige mucho también físico?
Mucho. La voz especialmente, porque el personaje sostiene un registro que no es natural y mantenerlo durante toda la función sin que se note el esfuerzo requiere un trabajo de preparación vocal diario. Y luego hay secuencias de movimiento que son de mucha intensidad. Lo que más me ha costado ha sido administrar bien la energía, saber cuándo puedo soltar y cuándo tengo que reservar, porque si llegas al tramo final vaciado, la función pierde su mejor momento.

Desde esas funciones en Argentina, al 19 de mayo, cuando tuviste la primera representación en Madrid, ¿cómo sientes que ha evolucionado la obra? 
‘Gorila’ no ha dejado de madurar. La gira está siendo un laboratorio muy valioso, siempre encontrando cosas, ajustando tiempos, midiendo hasta dónde podemos llegar con el público en determinados momentos. Cada teatro, cada ciudad, cada público te devuelve algo diferente y te obliga a seguir afinando. Hay una secuencia, en la segunda parte de la función, que ha ido haciéndose más larga función a función, porque el público nos iba haciendo ver que necesitaba más tiempo ahí, más silencio, y la función se lo fue dando sola. Eso es lo que te enseña el rodaje de una obra, que hay partes que empiezan con una propuesta de director y actores y resulta que empiezan a mostrar que tienen vida propia y siguen creciendo. En el

Muñoz Seca tuvimos el primer encuentro real con un público que lleva tiempo esperando la función y eso se nota en la sala desde el primer segundo. Llegamos distintos, con más capas, y creo que se notó.

Muchas gracias por tu visita y por visitarnos Luis. Vuelve siempre que quieras y ¡muchísimo éxito!