Juanjo Artero: «Estar en escena con el público es algo que no se puede explicar, pero es una felicidad absoluta»

Fotografia Javier Naval. Pentacion Espectáculos
Fotografia Javier Naval. Pentacion Espectáculos

Cuando este medio nació hace 15 años, nunca pensé en todo los sueños que podría cumplir, ni en todo lo que podría llegar a vivir desde esta butaca, y hoy es un día de esos, es un día muy especial porque tengo la suerte de conversar y de poder aprender escuchando a un actor referente de nuestro país, alguien que no ha dejado de acompañarnos a todas las personas que amamos la cultura, ya sea desde un patio de butacas gracias a sus trabajos teatrales o a través de la pantalla.

Hoy, inauguramos la temporada de una manera muy especial, con una visita muy esperada y es la de Juanjo Artero, porque, desde el próximo 11 de septiembre podremos disfrutarle con ‘El club de los poetas Muertos’ en el Teatro La Latina’ de Madrid y hoy viene a hablarnos de este nuevo trabajo

Muchas gracias por tu tiempo Juanjo y bienvenido por primera vez, a este patio de butacas.¿Cómo estás?
Pues muy bien. Estoy muy entusiasmado, con una energía muy positiva y muy bonita. En el verano hemos tenido ensayos y aunque luego nos dieron un tiempo en el que nos podíamos ir diez días, no me apetecía nada porque estoy centrado en este papel. Y cuando me lo ha permitido el trabajo, me he quedado en casa todo el verano estudiando, acudiendo a los ensayos y disfrutando mucho.

Todo el proceso desde aprenderme el texto ha sido una maravilla, bueno, desde el día en el que Jesús Cimarro, el productor, me lo dijo y me emocioné mucho. Y desde entonces todos son buenas noticias y ahora que se está realizando quiero disfrutar cada día, cada ensayo, cada progreso, cada noche… quiero disfrutarlo muchísimo porque tengo una cosa muy bonita entre manos.

Tengo el personaje quizás más bonito que he hecho nunca. Este profesor Keating me tiene enamorado y lo estoy disfrutando mucho. No quiero nada más que centrarme en este proyecto que es muy bonito.

Hablas de la ilusión del día en el que Jesús Cimarro te lo comunicó, pero ¿recuerdas esa primera lectura?
Sí, perfectamente. Yo cuando no me sé el texto no suelo leer bien, pero las últimas palabras en la lectura ya no las pude decir… No quiero desvelar mucho pero después de: «¡Oh Capitán, mi capitán!» yo no podía decir nada salvo: «Gracias chico». Gracias porque me invadía la emoción de esa primera vez, me sigue pasando todavía y me va a seguir pasando.

Así que estoy disfrutando mucho de ese momento mágico que está en la retina y en la memoria de todos. Estoy encantado.

«Trabajar a través del recuerdo de su trabajo y con cierta complicidad de lo que él me diría»

Todo el mundo que hemos visto esta película nos ha marcado y todo el mundo recordamos: “¡Oh Capitán, mi capitán!” por todo ello, para ti, el meterte en la piel de este personaje al que dio vida Robin Williams, ¿puede darte algo de miedo? ¿La preparación de un trabajo cambia cuando es un papel que ya has visto o lo afrontas igual forma?
Lo afronto de igual forma porque mi forma de trabajar, nunca es por imitación.

Es cierto que el trabajo que hacía era maravilloso, tenía una personalidad y un alma únicas que traspasaba porque es que era muy especial trabajando como debía serlo también como persona. Entonces, realmente es al revés, es trabajar a través del recuerdo de su trabajo y con cierta complicidad de lo que él me diría, que sería: «Tú, a lo tuyo. Esto es tuyo». Estoy seguro que me diría eso.

Cuando las palabras son bonitas y un texto está bien escrito, ya sea del autor, de está película, de esta obra de teatro o cualquiera de los grandes… ahí el actor solo tiene que dejar sonar esas palabras y pasarlas por el filtro del café de entenderlas cuando la dices y no apoyarlas más. Es que el texto lo tiene todo y yo solamente tengo que dejar que suba el vapor, el café y el agua, y hacer el café perfecto porque es que ya le han dado un café muy bueno al filtro, y eso es lo que soy yo, soy solo un filtro. Y esa conclusión es maravillosa porque te relaja mucho. Y seguro que Robin Williams trabajaba así. Siempre estaba jugando, se le veía, él no actuaba, jugaba. Que es lo que yo siempre digo, hay que jugar, nada de actuar y si haces eso y dejas que las palabras suenen… las palabras suenan muy bien.

El club de los poetas muertos. Fotografía Javier Naval. Pentación Espectáculos

Qué bonito Juanjo… Es cierto que aunque solo tengo el recuerdo de un visionado, recuerdo mucho que era sobre la fuerza de escucharnos a nosotros mismos y de creer en lo que tenemos dentro, en ser conscientes de nuestros propios pensamientos. Y con lo que me estás diciendo, pues me emociona un poco más la verdad...
Claro. Yo empecé muy joven a ser actor y tuve la suerte de tener una familia que me dejara ser actor, pero no solamente eso, sino que me lo potenciaron. A mí sí que me dejaron.

Y si te acuerdas un poco del guion de la peli aunque tampoco quiero destriparlo, pero uno de los problemas que aborda es que para uno de los chicos, su padre tiene pensado que sea médico, mientras que el chico quiere ser actor. Y no quiero contar mucho, pero a mí eso también me llama mucho porque a mí sí que me dejaron. A mi, mi padre me decía que yo sería un médico maravilloso, pero cuando decidí ser actor, pues me dijo que perfecto. Y es que los padres saben cómo son los hijos y sabían que yo llevaba un cómico dentro, un actor.

«Empecé muy joven a ser actor y tuve la suerte de tener una familia que me dejara ser actor y que me lo potenciara»

Y en todo este camino, Juanjo, desde ese momento que me contabas con tus padres hasta ahora, y más tú que llevas muchos años en la profesión ¿ha habido algún momento de miedo de pensar que este no era el camino o siempre has ido para adelante con todo?
No, que va. Es una profesión muy dura y llena de dudas y de dudar de uno mismo…

Yo empecé muy joven, con 14 y 15 años estaba rodando ‘Verano azul’ y ya había hecho cosas en el colegio como ‘Jesucristo Superstar’ y yo me sentía como en casa, estaba en mi ADN, pero nada que ver porque en mi casa eran médicos, pero después del colegio, aquel año con 13 años, el profesor me dijo que tenía que pensar mucho en lo de ser actor, porque aunque no sabía leer bien en clase luego cuando hicimos una obra de teatro sobre la Revolución Francesa la gente se rió y me dijo que yo había nacido para ser actor. Así que me compré mi primer libro de teatro, uno que él me recomendó: ‘Mi primer libro de teatro’ y luego me fui a la piscina y ahí me vio Mercero.

Y la vida a veces da unos giros y unas vueltas… y empezó todo muy fácil, muy fácil. Además, imagínate, porque solo había dos cadenas y la serie era súper éxito, no podíamos salir a la calle y todo el mundo recibía mil y pico de cartas todos los días, ¡era una locura! Pero luego, a mí no me llamaba nadie para trabajar… Yo había vuelto al colegio, a la vida normal, y me conocían mucho, pero mis padres me decían que esta profesión era muy difícil porque aun así, nadie me llamaba…

Y sí, había ahí una lucha y yo le decía: «Mamá, es que yo quiero ser actor o vagabundo. Yo solo quiero ser actor». Ahora pienso que hay más cosas que me harían feliz, pero seguramente por lo que he conseguido hasta ahora, pero nunca se sabe que será mañana… He conseguido vivir de esto y estar entusiasmado con momentos mejores o peores, pero soy un afortunado y estoy muy feliz de estar en esta profesión.

También estuvo el momento de estar encasillado porque siempre me llamaban si era un papel de pijo en aquella época. Pero era igual, yo seguía adelante, me enamoré más estudiando arte dramático y me di cuenta que me podía preparar más. Y cuando no me llamaron montamos una compañía de teatro y a partir de ahí no paré de trabajar y de hacer cosas, hasta que me llamó el señor Miguel Narros para hacer ‘La discreta enamorada’, que eso fue un exitazo y a partir de ahí, a mí ya no me ha faltado trabajo nunca.

Luego llegó ‘El comisario’ y de repente volví a ser famoso para todo el mundo. Pero siempre he disfrutado mucho de mi profesión, salga más en la tele o no. Y con los años, estoy mucho más relajado y si no tuviera familia más que me relajaría, porque hay que darles de comer, vestirles y esas cosas que te hacen a lo mejor trabajar más de lo que uno quisiera. Ahora estoy en un punto de mi vida muy feliz y si no fuera por las economías, lo estaría más todavía. 

«La profesión te permite trabajar con gente distinta y te hace estar en contacto con el mundo y la realidad»

Tú empezaste con 14 años, pero ahora en ‘El club de los poetas muertos’, estás con Manu Rodríguez y Tomy Álvarez, pero tienes también a seis jóvenes actores contigo. Después de toda la carrera que tú llevas a tu espalda, ¿Qué has aprendido ahora al encontrarte con estos seis actores que comparten cartel contigo?
Eso es maravilloso porque una de las cosas mágicas que tiene la profesión es trabajar con gente distinta y eso te hace estar en contacto con el mundo y con la realidad. Lo primero que aprendes es la ilusión, que en este oficio nunca va a acabar y que es lo que va a continuar siempre. Y ellos son chicos con esa ilusión y aprendo de esa espontaneidad que tienen y esa ilusión.

Yo durante mucho tiempo era el joven, era de los niños del grupo porque empecé muy niño, ahora me hace mucha gracia que de un tiempo a esta parte, soy el más mayor de la compañía o de la serie, y eso ya es muy gracioso.

Pero es un aprendizaje y un reaprendizaje que me hace mucho conectar conmigo, y también entender esa espontaneidad que tienen y que a veces se pierde con los miedos que se tienen. Aceptar que uno se tiene que relajar y que por mucho que se le digan las cosas, ellos se tienen que equivocar y las tienen que vivir.

La relación que tengo con ellos es como la de un profesor de literatura y aunque no me siento profesor de ellos, que para eso está el director, pero sí interpretan y tiene mucho que ver lo que le dice Keating sobre la forma de ver la vida y los distintos puntos de vista, de no hacer nunca algo desde solo un punto de vista, que aunque se crea saber algo, hay que intentar adoptar otra posición y que cuando lean no se limiten a tomar el punto de vista del autor, sino que busquen su propia voz.

Todo esto tiene que ver también mucho con la interpretación, uno tiene que buscar su método y yo he tenido profesores maravillosos y grandes directores, mucha gente que me ha aportado, grandes compañeros o Antonio Mercero por ejemplo, y es ir aprendiendo en la vida.

También es importante aprender a escuchar en escena porque cuando eres joven tienes mucha energía y aprietas más, pero supongo que será la vida y el escenario lo que les enseñará, porque para los actores la vida es una fuente de sabiduría.

Fotografia Javier Naval. Pentacion Espectáculos

A mí me gusta mucho una cosa que a veces me decís sobre la escucha activa de tu compañero. De como tú creas a tu personaje en la mirada del otro. Me parece preciosa la generosidad de los intérpretes…
En realidad tú le dices algo a alguien y esa persona lo coge o transforma, y luego responde y eso va sumando a una serie de cosas que van ocurriendo… Es como jugar en un equipo en donde tú tiras el balón, el otro golpea de cabeza, te lo devuelven… Es algo maravilloso, es jugar.

Y en cada función, cada día, cuando tú preguntes algo, intenta que te respondan pero aunque sepas lo que lo que dice el texto, déjate sorprender, y para eso, cuando haces la pregunta, tienes que buscar la respuesta sin dar por hecho que ya lo sabes. Es escuchar. El escuchar es muy importante en la vida, en el teatro, en la televisión y en el cine en general. Es imprescindible. 

Y en ese primer ensayo, Juanjo, ¿tú vas con el texto aprendido muy cerrado o vas un poco más abierto?
Por ejemplo, con ‘El club de los poetas muertos’, en la primera lectura que hicimos, no había empezado a estudiarme todavía el texto. He empezado hace dos meses.

Muchas veces la gente valora que el actor se pueda aprender todo un texto y eso es lo de menos porque te lo aprendes, pero para mi lo complicado es saber de dónde sale la frase y cuál es su dirección.

Una cosa también que he entendido y que no estudié, si no que lo he aprendido con los años, es que la diana para el actor siempre está fuera. La diana nunca está dentro de uno, siempre está fuera y tienes que tener muy claro dónde está y apuntar muy bien. Tienes que tener el cuerpo, la dirección y la respiración para que cada frase tenga intención porque si está dentro, estamos trabajando con el ego, que todos caemos en ese error. Y hay un libro maravilloso para entenderlo que se llamaba ‘El actor y la diana’ porque esto no es algo que yo me esté inventando.

A lo largo de tu trayectoria, has trabajado en numerosas obras de teatro, has recogido premios y reconocimientos, trabajado con directores como Laia Ripoll o Miguel Narros, has encarnado personajes de Lope de Vega o Don Juan Tenorio, autores como Agatha Christie recientemente o tu propio monólogo representando ‘El Milagro de la Tierra’ y te has subido a las tablas de uno te templos del teatro como es el Teatro Romano de Mérida dando vida a Agamenón ¿Cómo te ha transformado el teatro con estos personajes y estos diferentes escenarios que has ido pisando?
Creo que en todo pero por lo que te decía antes, porque es un oficio en el que se aprende mucho viviendo, con la vida y observando.

A mi el teatro me ha dado energía y seguridad. Ahí me siento como pez en el agua, o sea lo que me da cuando estoy en escena con el público no se puede explicar, pero es una felicidad absoluta.

Y luego, como persona en mi físico y en mi cuerpo me mantienen en forma. Tienes que tener la mente más o menos conforme a una flexibilidad que viene bien también y como tienes que salir a escena también te hace cuidarte y no dejarte demasiado para poder decir el texto sin ahogarte.

El teatro me lo da todo y también es una forma de vida junto con la televisión para sacar adelante mi proyecto de familia, a mis hijos… Y entre mujer y yo lo hemos hecho los dos, ella en el suyo y yo en lo mío.

Y en relación a esto que hablamos, me viene a la cabeza tu monólogo ‘El Milagro de la Tierra’ porque además, te escuché decir en una entrevista que también es un homenaje no solo a la madre tierra, sino a las madres… Y yo me enamoré del teatro gracias a mi madre y me parece algo precioso…
Sí, a la madre tierra y al embarazo. Hay una relación entre en el embarazo y la función. Porque está la tierra que es la madre principal y a la que maltratamos, pero luego está cada madre que son un milagro porque lo que hacen las madres es impresionante, es un milagro. Ellas dan la vida y más mágico y milagroso que eso… es que no hay nada. Es impresionante.

Muchas gracias Juanjo por tu tiempo y por esta primera visita. Te vemos a partir del 11 de septiembre en el Teatro La Latina con tu nuevo trabajo en ‘El Club de los poetas muertos’. Muchas gracias por este regalo.