
- Foto: Javier Naval
- Tenéis la conversación con Manuela Velasco también disponible en el canal de YouTube.
Tú no lo sabes pero fuíste la primera persona que entrevisté en directo. Este proyecto casi acababa de nacer, nos encontrábamos en Sevilla, en el Teatro Lope de Vega y presentabas «Todos eras mis hijos». Hoy, trece años después, en otra ciudad como es Valencia, en otro teatro como es el Olympia y con una nueva obra, «Un delicado equilibrio», nos volvemos a encontrar. Manuela Velasco, ¡bienvenida de nuevo!
Ay, me alegra mucho que las dos sigamos en el teatro después de trece años! ¡Qué bien!
Me hace mucha ilusión porque ese día lo tengo muy grabado porque fuiste la primera actriz a la que entrevisté presencialmente.
Ay, ¡qué ilusión! Pues también fue mi primera obra. Y aquí también vine con «Todos eran mis hijos» y fíjate qué curioso que trece años vuelvo haciendo también una obra de uno de los dramaturgos más importantes del siglo XX como es Edward Albee. Antes fue «Todos eran mis hijos» de Arthur Miller y ahora «Un delicado equilibrio» de Edward Albee.
¡La magia del teatro! Y antes de comenzar, ¿cómo estás? entre la gira y todo.
Estoy feliz, me encanta salir de gira y llevar un texto como este por España, conocer nuevos teatros o volver a otros preciosos como este, el Teatro Olympia. Es que la gira es muy bonita y sobre todo cuando ves que los teatros programan en estos momentos, porque en los últimos años todo ha cambiado mucho con las plataformas, con la forma de consumir entretenimiento, el tipo de obras que se hace y todo lo que pasó después del Covid que era difícil invertir en teatro porque no se sabía si habría que parar la gira… La cosa cambió mucho y por eso, que una productora como PTC se atreva a hacer un gran montaje de texto con seis personajes, sacarlos de gira y que los teatros nos programen me parece que es una muy buena noticia y por eso estoy muy feliz de poder hacerla.
Y ahora por ejemplo que estás disfrutando con la gira y que tienes la oportunidad de hacerlo en diferentes teatros ¿Cómo vives el momento previo a salir a escena? Ese instante justo a cuando ya estamos todo el público sentado, se ha avisado de que quedan tres minutos para que comience la función y las luces se apagan.
Con muchos nervios siempre y creo que eso no se me va a pasar nunca. Ya me lo advirtió Carlos Hipólito en «Todos eran mis hijos». que ahí si que lo pasé mal. Era mi primera función y creía literalmente que me iba a morir, que me iba a desmayar. No sé, es que yo creía que ese grado de nerviosismo era incompatible con la vida. De hecho, le pregunté a Carlos si eso era así siempre, y me confirmó que ¡era así! Es verdad que los nervios siempre están pero aprendes a vivir con ellos.
Es una sensación que tendríais que experimentarla para entenderla. Es como asomarte al abismo. A mi me da pánico pensar en hacer paracaidismo, pero creo que tiene algo que ver algo con eso, con asomarte al abismo, tener mucho miedo y sentir muchos nervios pero al final hay algo más fuerte y son las ganas. Saltar. Y una vez que saltas, no sé si es es una de las más placenteras, pero sí una de las sensaciones en la que yo me siento más viva. Y ahí ya desapareces, aunque no del todo porque siempre estás sujetando las riendas de los caballos, pero empiezas a perderte en el personaje y en la obra. Es muy curiosa la magia del teatro.
De hecho, hoy en día con las plataformas, la inmediatez y con esa inercia de coger el móvil… quizás una de las cosas más bonitas y más vivas que envuelven la magia del teatro es que lo que estamos viendo es algo único que no se va a volver a repetir, ni para ustedes ahí arriba ni para nosotros desde el patio de butacas.
Una cosa que me gusta decir siempre en las entrevistas es que la función no la hacemos solo los que estamos en el escenario, sino que la hace el público con nosotros, cada día, cada público en cada lugar. Cada función es diferente. Esta cosa de la repetición que muchas nos preguntan: «¿No te aburres de repetir siempre lo mismo?». Nada que ver. No es lo mismo nunca porque ningún día es igual para nadie, ni tú estás igual ningún día, ni tus compañeros ni el público. Y no sois conscientes de cuánto se os siente y de cuánto se trabaja con vosotros. Nosotros nos damos cuenta de todo.
Esta cosa que sucede ahora con la que yo trato de ser comprensiva, pero es verdad que tenemos una adicción con los móviles, como si no pudiéramos vivir si nos han mandado un whatssap (y no hablo de las emergencias). Pero es que lo notas, y notas los despistes o cuando alguien ha desconectado. De hecho y esto lo dice mi tía o los actores de toda la vida, que cuando notas despistado a alguien, hay veces en la que te empeñas en hacer la función para esa persona y traerla de vuelta (ríe). Pero es porque nos damos cuenta de todo.
Yo siempre cuento que Diana Palazón me explicó y me dio como tips para aprender a leer al público antes de que comenzase la función y siempre que puedo, antes de que salgáis a escena lo pongo en práctica. Y es cierto que luego durante la función, también me pasa que a veces lo acabo pasando mal por como veo al público de nervioso o cuando se enciende o suena algún móvil.
Ya… a mi me pasa como espectadora. Yo chequeo el móvil trescientas veces para ver que lo he apagado bien, que lo tengo en silencio y no hay ni alarmas puestas. Y me sucede que estoy muy pendiente de todo el mundo y tengo que concienciarme para que eso no me deje no disfrutar de la obra. No te puedes hacer cargo de todo el patio de butacas (ríe).
Después de todos estos años y continuando con este viaje que iniciábamos con «Todos eran mis hijos» en donde también estabas en una obra compleja y coral, a la actualidad, en donde te vemos en un nuevo montaje, dando vida al personaje de Claire en «Un delicado equilibrio» y hablando como hablábamos de la magia del teatro… ¿Como te ha transformado el teatro en todos estos años?
Me siento muy afortunada en esta vida por haber descubierto que tenía una pasión y una vocación, y sobre todo haber podido hacer de esta pasión y de esta vocación mi modo de vida. A partir de ahí cuando tienes la suerte de que alguien confía en ti por primera vez, por ejemplo lo que me sucedió con «Todos eran mis hijos», una ya tiene que empezar a hacerse con el oficio y el oficio es que no se puede apresurar, el oficio se hace haciéndolo. Haciendo muchas funciones, en muchos teatros, con muchos públicos… Y creo que en estos trece años mi vocación y mi pasión teatral no han menguado ni un milímetro pero lo que ha ido creciendo ha sido el oficio. El enfrentarte a acústicas, a públicos, a tu estar, a que te entre un ataque de tos, a estar frustrada porque no sale algo… y cuanto más oficio, cuantos más compañeros me voy encontrando y cuanto más voy trabajando, más amo nuestro oficio y lo que tiene la actuación de oficio. Es un oficio como otro oficio. Y requiere mucha practica. Mucha, mucha práctica. Puede haber una chispa de talento o de condiciones, o de lo que sea, pero tú tienes que practicar, hacer y estudiar, seguir estudiando y seguir practicando. Al final es oficio, oficio y oficio.
Qué bonito Manuela y qué ganas de verte sobre las tablas. Muchas gracias por tu tiempo, te vemos con «Un delicado equilibrio» este fin de semana en Valencia y por el resto de teatros que sigáis visitando con vuestra preciosa gira. Vuelve pronto.
