JOSÉ TRONCOSO: «Cuando trabajamos con nuestro acento tiramos de una parte de nuestro cerebro mucho más genuina, intuitiva y auténtica».

  • Fotografía: Javier Mantrana

Mi invitado de hoy ha dirigido obras como ‘Las bingueras de Eurípides’, ‘Con lo bien que estábamos’, ‘Plátanos, Cacahuetes y lo que el viento se llevó’ o una que tuve la suerte de disfrutar no hace mucho como fue la maravillosa ‘Las asambleístas (las que tropiezan)’. Ejerció como codirector de la XXVI Gala de los Premios Max de las Academia de las Artes Escénicas y actualmente, tras haber estado en Matadero de Madrid, ha comenzado la gira de ‘La Gramática’, la obra que protagoniza junto a María Adánez y con la que además a partir del 16 de febrero estará en el Teatro Romea de Barcelona.

Actor, dramaturgo, director, autor del libro ‘Lo nunca visto’ y alguien que espero la ilusión que me hace recibirlo por primera vez en este patio de butacas. José Troncoso, bienvenido y muchas gracias!
Muchas gracias a ti.

¿Cómo estás?
Bien, con mis días mejores y mis días peores. Tampoco hay que hacer alarde de la felicidad que todo el mundo está demasiado bien siempre y yo no me lo creo (ríe). Pero no me pudo quejar, a nivel laboral todo está bien y se está quedando un 2025 chulísimo de cosas bonitas e inesperadas que me están pasando, pero como todo pues una cosa tiene que dejar hueco a la otra y las cosas llevan una renuncia también… entonces gestionando la vida pero como hace todo el mundo. Y también con un poquito de suerte extra porque yo siempre he pensando que tengo mucha suerte y no puedo quejarme absolutamente de nada.

¿Crees entonces en esa parte de la suerte?
Creo que hay un componente sobre todo en nuestro trabajo, o una variable, llámala suerte, que es muy importante porque yo estoy rodeada de gente maravillosa que a lo mejor no trabaja tanto como debiera. Y porque a veces tampoco es que seas bueno si no que te parezcas a lo que están buscando, a la idea que tienen en la cabeza… Así que imagínate, se tienen que dar muchas coincidencias para que consigamos cosas y consigamos trabajar, entonces parece que sí, que la suerte es una variable importante.

Como aquello de estar en el sitio oportuno el día que tocaba…
Sí, y la suerte también se trabaja, también hay que estar presente. Hay que estar entrenado y preparado en la línea de salida para pegar el sprint.

Hay una compañera tuya, Irene Rojo, que un día me dijo que los intérpretes teníais que ser muy pulpos, en el sentido de estar preparados en todas las ramas posibles, documentaros, saber de muchas cosas, estar en forma… para cuando llegue el papel estar bien.
Completamente de acuerdo. Además la cultura es importante. Formarse y mirar cosas, no solo de teatro, sino también de la vida. El teatro se alimenta de la vida y cuánto más vivo estés y más curioso seas, mejor.

De hecho, comenzaba mi presentación hablando de tu obra de teatro, ‘La Gramática’ con la que estuvisteis en Matadero en Madrid y en febrero estaréis en el Teatre Romea de Barcelona…
Hacemos unos cuantos bolos antes de ir a Barcelona y estaremos por ejemplo en Vigo y luego ya continuaremos. Pero muy contento y si tengo que ser completamente honesto para mi la estancia en Madrid fue un éxito inesperado, fue un boom. Me desbordó que se agotasen las entradas casi desde el primer día y para todos los días.

¿Cómo estás viviendo este viaje desde que te llegó el texto y comenzasteis los ensayos a la actualidad, en donde ya estáis de gira?
Con ilusión y con ganas. Dejándome sorprender y dejando que el propio viaje me suceda con todo lo que trae. Estoy en un momento de aceptación, pero creo que con el tiempo, con la edad y después de haber hecho muchas cosas a la fuerza, estoy en ese momento de soltar y dejarme sorprender con la inercia de lo que he hecho hasta ahora y ver a dónde me lleva.

Una cosa que a mi me encanta hablar con ustedes es que a pesar de que es el mismo texto y el mismo personaje, con las funciones vais descubriendo cosas nuevas y diferentes que antes no les veíais… ¿Eso es parte también de este proceso?
Totalmente. Parece que el personaje sigue por ahí buscando hacerse grande, buscando ocupar cada vez más sitio o intentando darle un mayor sentido. Yo soy de ese tipo de actores que sí que me gusta medir mucho porqué lo digo, para qué lo digo, a quién se lo digo, qué quiero provocar, qué atmósfera me gustaría que se generase…  Ese trabajo de orfebrería me encanta porque si no me aburro y la propia repetición me mataría. Tienes que encontrar en la repetición una manera de ahondar en lo trabajado.

¿Y tú has descubierto ahora algo nuevo en tu personaje que no viste en los inicios?
Pues sí, mira en los dos últimos días me pasó con María una cosa que a ver cómo la cuento sin destripar mucho. Hay un momento en el que ella sufre una transformación durante la función y de repente me paré, me permití ese tiempo de mirarla y ahí me pasaron mil quinientas cosas. Y ahora se ha abierto una nuevo camino en el que el personaje quiere contarme algo bonito. Es curioso.

Y cuando te suceden ese tipo de cosas como lo que te sucedió con María, ¿eso luego al acabar la función lo pones en orden con tu compañera?
Sí. Esa vez lo comentamos, coincidimos en que había pasado algo y dejamos que pasase. Yo como director y como actor soy muy fan de dejar que las cosas pasen siempre que no se desmadren. Creo que al teatro le encanta lo que ocurre de verdad y cuando ocurre hay que dejarle un espacio para ver si eso ha sido una cosa del momento o si de verdad es algo que ha venido a ser contado y revelado. Pero cada vez soy más fan de dejarle a las cosas su pequeño tiempo.

En ‘La Gramática’ planteáis si la competencia lingüística puede llegar a generar marginación…
Yo creo que sí. Creo que todo depende de cómo se comparta. Recuerdo que cuando éramos pequeños y poníamos la televisión, los presentadores y los conductores de los programas que había eran personas con un lenguaje cultivado, con riqueza y utilizaban el lenguaje de una manera casi divulgativa y eso no excluía a nadie. Creo que hay que saber hacer uso de la elegancia, saber dónde estás y saber qué lenguaje utilizar para no excluir a nadie. Lo que no puede ocurrir tampoco en contrapartida es esta igualación a la baja que se hace de hablar todos mal y que eso pueda resultar gracioso. O poner la tele y que la gente diga cinco tacos de cada diez palabras…. Porque creo que las palabras son importantes y que elegir las palabras es casi un acto poético, inconsciente pero un acto que nos define. Entonces el cómo nos comunicamos y cómo nos expresamos conforma de alguna manera la realidad que nos rodea y esa realidad hay que cuidarla desde la propia emisión de esas palabras.

Recuerdo que cuando yo era pequeña y ponía la televisión los acentos eran neutros y ahora por suerte se escuchan más y no se categorizan tanto… ¿eso puede influir también en lo que estamos hablando?
No sé decirte. Tampoco soy un especialista, pero sí supongo que es sobre todo a qué se asocia el acento. Yo recuerdo que cuando llegué a Madrid en la tele hice de fontanero, electricista… y me preguntaba que por qué me pasaba esto y era porque me oían el acento y ya me tenían como en la servidumbre… Y eso evidentemente no debe ocurrir, pero por suerte ocurre cada vez menos y somos más conscientes de que la diversidad no entiende de nada. La diversidad no es que deba existir, es que existe. La diversidad es. Asumámosla.

Como la musicalidad que tiene cada acento, cada persona…
Eso es precioso y algo que cuando dirijo siempre conservo. Siempre intento que cada actor y cada actriz conserve su propio acento. De hecho yo llevo aquí en Madrid un montón de años y no se me ha quitado aunque para trabajar si que puedo neutralizar, pero creo que cuando trabajamos con nuestro acento tiramos de una parte de nuestro cerebro mucho más genuina, intuitiva y más auténtica.

Hablando de eso, tengo otra curiosidad… Yo hace poco tuve la suerte de ver ‘Las Asambleístas (las que tropiezan)’, de la cual eres el director… Tú cuando la obra ya ha arrancado o está de gira, ¿eres de estar en las funciones y les vas dando notas, o ya las dejas que ellas vayan solas?
Creo que es algo que hay que medir bien. Es como si estás abriendo el horno mientras que se está haciendo el bizcocho. No puedes estar abriéndolo cada dos por tres para ver cómo va porque entonces no sube (ríe). Hay que dejar a la gente también libre y confiar en que el juego que habéis pactado va a hacerse cada vez más grande y más bonito. También hay que saber rodearse bien y saber elegir con quién gusta trabajar. Si las elecciones han sido buenas pienso que es mejor que las cosas sigan su rumbo un poco y por supuesto, monitorizarlas de vez en cuando.

No sé si empezaste antes como director o como actor, pero ¿estas facetas se han ido retroalimentando?
Desde chico fui muy osado. Estudié Bellas Artes y también interpretación, y por las tardes en los talleres nos reuníamos y hacíamos los ejercicios que había hecho la tarde anterior. Fui muy osado desde pequeño, me encantaba tanto el placer de experimentarlo yo, como el de contarle a los demás lo que estaba pasando y lo que iban a disfrutar si lo hacían. Las dos profesiones se fueron conformando con mucha naturalidad y sin darme demasiada cuenta, y me encanta que fuera así la verdad porque creo que las cosas buenas son así, las que no te pertenecen.

Y ya llegando al final hay una pregunta que me gusta mucho haceros y la cual me hace mucha ilusión hacértela porque admiro mucho tu trabajo… ¿cómo te ha transformado a ti el teatro?
Radicalmente. Sobre todo yo percibo dos o tres cambios que vienen de la mano del teatro. Uno fue cuando empecé a hacer teatro con 16 ó 17 años que de repente vi que había un grupo de gente que se parecía mucho a mi y que compartíamos una sensibilidad y una locura muy parecida. Luego ya en Sevilla cuando conocí a una maestra que se llama Díaz Meco con quien descubrí el mundo del Clown y eso me transformó. Y la más radical fue cuando me fui a estudiar a Londres con Philip Collier, al que le mando un besazo enorme, y eso me cambió literalmente la forma de ver la vida. El teatro como óptica. Y sobre todo que como él dice: «El teatro se alimenta de la vida y cuánto más aprendamos a vivir, más aprenderemos a todo lo demás como una bonita consecuencia».

Y en este caso José, si cogemos a ‘La gramática’ como ejemplo, ¿cómo vives tú esos momentos previos a que comience la función.
Normalmente me quiero morir y pienso que qué necesidad tengo de haber hecho nada de esto o de exponerme. Pero también va por fases. Últimamente me he reconciliado bastante con eso y estoy con menos sensación de demostrar nada y con más de salir a compartir y decir: «Yo voy a hacerlo lo mejor que pueda y espero que ustedes como público también estéis dispuestos a hacer lo que habéis venido a hacer, que es observar, escuchar atentamente, dejaros atravesar por lo que ocurra…». Creo que tanto actores como público compartimos una extraña responsabilidad que nos une.

Muchísimas gracias José por tu tiempo, por esta conversación tan bonita y por el amor que transmites por tu profesión. Nos vemos pronto pero mientras, te disfrutamos con ‘La Gramática’ de gira y a partir del 16 de febrero en el Teatre Romea de Barcelona.

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