
Hace más de una década que en el teatro encontré un refugio, un lugar de calma, ese sitio en donde silenciar todo el ruido que a veces no nos deja ni cerrar los ojos. Sí, sentada en un patio de butacas todo amaina y el mundo y mi cabeza se detienen durante al menos noventa minutos…
Hoy, el teatro, es más que nunca ese refugio, ese lugar mágico donde encontrar la verdad en unos tiempos en donde cuesta distinguir lo que es real de lo que no. Es donde nos transformarnos a través de esas historias contadas por personas valientes y generosas que subidas a un escenario no tienen miedo de mostrar sus vulnerabilidades. Es ese ansiado espacio en donde vivir sin estar mirando una pantalla, ese lugar donde las conciencias se remueven, y es ese arte que consigue que aunque pasen días y días, la historia que te han contado sigue rebotando en tu memoria planteándote nuevas preguntas… Sí, eso es el teatro, y también todo eso, es ‘Cucaracha’.
Cuando vi el cartel de ‘Cucaracha’ y sin necesidad de saber mucho más, supe que quería verla. No sé si a mucha gente le sucede, pero en la mayoría de ocasiones no necesito saber un argumento para querer vivir esa historia, simplemente mi corazón siente algo e intento escucharle. Y eso me sucedió con este esperado montaje de ‘La Manjoya producciones’ y ‘Producciones en crudo’. Cucaracha me llamó, y según empecé a descubrir más sobre ella, esa ilusión por verla crecía y crecía, pero las fechas no cuadraban y acabó convirtiéndose en algo imposible. Pero de repente, sin esperarlo, como suele funcionar la vida en la mayoría de sus veces, todo se alineó y yo me sentí feliz, afortunada y tachando los días para tal acontecimiento. Cucaracha llegaba a Valencia y por fin, iba a ser posible verla.
Ese día fue anoche. Desde las butacas de Rambleta vivimos todo lo que la obra dirigida por Julián Fuentes Reta y escrita por Sam Holcroft tenía para contarnos. ‘Cucaracha’ habla sobre la guerra, sobre la violencia y sobre si la educación puede salvarnos, pero creo, que también habla del miedo, de la soledad o de cómo, a veces evitamos mirar más allá para no enfrentar lo que está por venir. También habla de las vulnerabilidades, de los sesgos que desde hace tanto tiempo perduran en la historia, de los traumas y sí, habla de la violencia, en todas sus formas. Y todo esto lo cuenta a través de un elenco talentoso, con una puesta en escena impactante y con un sonido constante que no nos deja desconectar en ningún instante, del mundo en el que estamos sumergidos.

Pensé que me sería fácil escribir sobre Hiba Abouk, al fin y al cabo llevo admirándola como persona y como artista desde hace tanto, que ni lo recuerdo, pero no, me es muy difícil poner por escrito lo que ha sido verla por fin sobre el escenario. Es muy complejo llegar a explicar como su sensibilidad es capaz de agarrarte el corazón desde que pisa el escenario, y más aún, como su fuerza y su mirada te envuelven y ponen de manifiesto algo que nunca dudé y que ayer se incrementó a limites infinitamente altos, su presencia en escena es indiscutible. Su sensibilidad va más allá y no necesita ni siquiera hablar para que tus ojos se tornen vidriosos al verla interpretar. Sí, es difícil poner por escrito lo que Hiba es capaz de transmitir en escena, pero porque eso hay que vivirlo. Porque ese regalo no se puede contar, tienes que tener la suerte de sentirlo en directo.
Junto a ella, dos regalos más que me llevo de este montaje tan especial. El descubrimiento de Javier Amann y Nakarey. Ellos son dos ejemplos claros de fuerza y sensibilidad sobre el escenario, pero también lo son de un gran amor por su profesión y por la cultura. Y es que, si su trabajo como intérpretes es de aplaudir, su labor como productores de la obra con ‘Producciones en crudo’ ha hecho que mi admiración más sincera por ellos crezca. Su humildad, su capacidad de trabajo, su amabilidad y su capacidad para levantar un proyecto tan necesario y hermoso como ‘Cucaracha’, es algo para alabar y agradecer para quienes amamos al teatro.
Completando el elenco tenemos también a Miriam Queba y Lucía Díez quienes a pesar de tener dos roles completamente diferentes, equilibran la historia a través de las vulnerabilidades, los miedos, la violencia y la sensibilidad que representan cada una de sus personajes y que ellas, nos transmiten en intervalos perfectamente equilibrados. Y la gran sorpresa de la noche, el precioso y valiente estreno de Daniel Guerra en esta producción. Un debut que creo que nadie diría que había sido así y que a mi especialmente, me emocionó.

Creo que cuando conoces un poco del porcentaje de esfuerzo que puede tener levantar un proyecto así, cuando admiras a las personas que conforman su equipo y cuando además, llega el momento de que ese día tan especial lo vivas desde las butacas de un teatro que es casa, es cierto que todo lo envuelve más especial, pero eso no le quita objetividad a mis lineas, sino que añade otro ángulo más… Y por eso, yo desde mi corazón agradezco y deseo que este proyecto ruede mucho, porque si cuando estás en tu butaca deseas que un montaje no llegue todavía al final de su representación, seguramente es porque hay muchas cosas buenas en él, y eso nos pasó anoche a nosotras, que no queríamos que acabase.
Ahora, queda una última función en Valencia antes de continuar la gira por el resto de ciudades (Cartagena el 14 de octubre y el 19 de diciembre en Oviedo) y nosotras solo esperamos, que ‘Cucaracha‘ ruede mucho y siga emocionando como nos emocionó a nosotras.
