
A mi invitada de hoy el público del sur la pudimos ver en una de nuestras series más míticas como fue ‘Arrayan’, luego llegaron otras ficciones de éxito a nivel nacional como ‘Allí abajo’, ‘Guante Blanco’, o ‘Malaka’.
Además, en el teatro, la hemos podido ver en montajes como ‘Mandíbula afilada’ junto a un gran amigo de este programa como es Jon Plazaola, y en otras obras como ‘Las dos vidas de Anaïs Nin’, ‘Caramelo’ o ‘La hora feliz’.
Presentadora habitual del Festival de Málaga y Fundadora de la Compañía Caramala. Hoy nos visita por primera vez Noemí Ruiz, quien actualmente se encuentra en los Teatros Luchana de Madrid junto a Félix Gómez protagonizando ‘Si alguna vez hubo nosotros’, la obra escrita y dirigida por Ignasi Vidal y la cual podremos disfrutar hasta el 5 de octubre.
Muchas gracias por tu tiempo y bienvenida Noemí.
¿Cómo estás?
Estoy bastante bien y no es la típica respuesta al uso. Estoy en un momento bastante pleno, es cierto que estoy un poco cansada porque no he parado, al final ha sido un mes un poco movido de muchas cosas, de mucho curro y de mucha vida y eso tiene sus consecuencias, pero a la vez también te llenan de otras cosas y me encuentro bien.
Ya habéis estrenado ‘Si alguna vez hubo nosotros’ en los Teatros Luchana y normalmente me soléis decir que el día del estreno es el de más nervios para ustedes… ¿tú cómo lo viviste? ¿Influye en el cansancio que me cuentas que tienes?
Influyen muchas cosas e influyen los nervios que se pasan que aún así fueron unos nervios bastante controlados… El día del estreno cuando estaba comiendo tenía ya ganas de que llegase ya la noche y ver cómo iba, porque siempre hay un poquito de responsabilidad y presión o curiosidad de si la obra le gusta a la gente o si funciona, y eso, no se manifiesta en nervios de miedo al salir a escena, sino más bien de una responsabilidad de querer saber y de tener un cierto gusanillo ahí constante, y eso cansa.
Además, en el estreno que fue maravillosamente bien, fue muy precioso, nos acompañaron muchas personas muy queridas y la verdad que fue bastante bien. Nos dijeron cosas muy bonitas y escuchar cosas bonitas es precioso pero a la vez aturde un poco. Entonces el día posterior al estreno hay una cierta resaca emocional importante, pero el nuestro fue muy bonito y estamos muy contentos.
En la obra hay monólogos por parte de ambos personajes, monólogos muy intensos por parte tanto de Félix como de ti. Esos momentos en los que estáis ustedes dos, ¿cómo los vives? ¿Hay nervios o mucha concentración? ¿Te puede sacar el público de ahí?
La obra está concebida de forma que hay un monólogo mío y otro de Félix que se van intercalando, pero la obra está concebida para que realmente si en mi monólogo él no interviniera en la mitad de las partes y si él no me cortara, mi monólogo también podría ser un monólogo continuo, de principio a fin. Por lo que, realmente, mi cabeza y mi cuerpo cuando él habla siguen en activo y yo sigo metida en ese viaje emocional por el que voy pasando en la obra, entonces no es fácil que me pueda ir con las sensaciones ni de él ni del público porque realmente esos momentos de espera activa son los que me ayudan para poder acatar el siguiente monólogo.
Yo estoy en mi monólogo y en todo el viaje que hago desde que empiezo a hablar hasta que termino, y todo eso tiene un recorrido que me ayuda mucho en esos momentos de pausa con Félix porque mi cabeza y mi cuerpo siguen estando en mi momento presente. Yo no me voy en ningún momento con el monólogo del otro.
Y ese viaje emocional, desde esa primera lectura del texto que hicisteis hasta el estreno el otro día en donde por fin lo pusiste sobre las tablas, ¿Cómo te ha transformado?
Ha sido un viaje bastante intenso porque la obra habla sobre un tema muy universal como es el amor y en el estreno el comentario que más se escuchó era que habíamos contado sus historias y que se sentían muy identificados. Y es que realmente todo el mundo nos sentimos identificados con ese texto y con lo que se cuenta, por lo que el viaje emocional ha sido intenso, de cada día pasar por diferentes lugares. Porque aunque intento trabajar no aferrándome a mis vivencias personales, si toco diferentes cosas intento hacerlo desde el disfrute y no desde el dolor, y aunque trabajes de esa forma, pasas por diferentes lugares que te tocan de una manera u otra. Y eso es interesante.
Entonces ha sido un viaje placentero a pesar de todo. Félix y yo comentábamos en algunos ensayos que terminaba el pase y te quedabas bastante tocado y necesitando un tiempo para transicionar todo eso. A mi me cuesta hacer la función sin llorar y de hecho, lloro mucho y no lo puedo evitar. Se me escapan las lágrimas, por lo que emocionalmente te toca mucho.
Uno de los temas que también aborda la obra son las expectativas. Yo por ejemplo soy de machacarme mucho y de tener ese miedo a veces a decepcionar a la gente que me quiere. Tú en este caso, ¿eres más de auto exigirte mucho o te influyen más las ajenas?
Creo que me afectan más las mías, porque al final lo que quizás a mi más me puede doler un poco, incluso no es doler, es más afectar, son las expectativas de la gente querida por no querer defraudar, pero la gente que te quiere no tiene expectativas con respecto a ti. Y si tienen expectativas son bonitas porque ellos desean que tú llegues a algún lugar, pero no hay presión, no hay una sensación de fracaso si eso no ocurre, sino que hay una sensación de apoyo si al final eso que desean para ti no sucede. Por eso, no tiene ningún sentido que te afecten las expectativas de los demás, porque además en mi caso como te digo, las únicas que me importan son las de la gente que quiero. Ya hace tiempo que aprendí a vivir sin que me afectaran las expectativas de la gente que no me importa y que no están en mi vida.
Pero las mías sí. Es cierto que soy bastante machacona también (ríe). Y hay cierta tendencia al masoquismo y al hacerme daño, y eso es un rollo. Pero es cierto que intento ser cada día un poco más benevolente y más amable conmigo misma porque muchas cosas se escapan de nosotros. A mi me han augurado momentos en mi carrera de que no iba a parar de trabajar y después he tenido parones grandes, y uno tiene que asimilar que no dependen de nosotros, sino que las cosas se dan así y la vida es así. Aún así, es muy fácil decirlo y muy difícil pasar por diferentes momentos, y las expectativas son lo que más daño te hacen.
En la obra creo que también habláis de las inseguridades…
Realmente lo que tratamos en la obra es de qué va esto del amor. Esa es la gran pregunta que afrontamos: ¿De qué va esto del amor?. Y lo hacemos a raíz de una historia de dos personas que han estado juntas un cierto tiempo y que como les ha dejado bastante marcados empiezan a reflexionar. Entonces sí que trata mucho del tema las inseguridades con respecto a otro, dónde te colocas tú con respecto al otro, cómo ese juego de roles va cambiando y depende de los diferentes momentos que se viven en una pareja, y cómo eso te afecta a ti, a tu autoestima y a tu concepto. Porque al final eres tú con respecto al otro, pero una relación de pareja puede llegar a modificarte bastante con esa intención de pertenecer, de que te quieran, de ser para el otro, y hay veces que se hacen determinadas concesiones que te pueden pasar muchas facturas una vez que ha terminado la relación.
Y realmente no se cuenta una historia tóxica, no hay esa intención o por lo menos me consta que por parte del autor (Ignasi Vidal) no hay esa intención, de hecho yo que soy una de las protagonistas de esa historia te digo que no se concibe por ninguno de los dos como una historia tóxica, pero es que todas las historias tienen algo de toxicidad, sobre todo en el momento en el que empiezas a hacer concesiones en las que tú no estás de acuerdo. Porque una cosa distinta es hacer ciertas concesiones para convivir con el otro y otra muy distinta es renunciar a una parte de ti misma y que llegue un momento en el que no te reconozcas. Entonces eso creo que lo hacemos todos en relaciones de pareja pero lo hacemos en diferentes grados, y cuando se llega a grados muy gordos, y creo que la mayoría de personas alguna vez nos hemos visto ahí y nos hemos llegado a preguntar: ¿yo por qué aguanté esto? ¿yo por qué estuve aquí tanto tiempo? Pero al final no creo que haya una pérdida de tiempo, sino que todo lleva a un aprendizaje y de eso habla también la obra, de cuánto hemos crecido después de esta historia.
Y también habla del agradecimiento porque al final esto me ha hecho aprender muchas cosas. Entonces todo depende del enfoque que le des, y si cualquier historia la miras desde el reproche evidentemente te estás perdiendo la parte del crecimiento, pero si la miras desde el prisma del aprendizaje es guay, aunque a veces sea muy difícil mirarlo desde ese prisma y tenga que pasar mucho tiempo para llegar ahí.
Hablamos de la necesidad del tiempo para verlo con perspectiva y de entender que antes no teníamos las herramientas que ahora tienes, ¿en la obra también se llega a hablar del perdón a una misma?
Hay mucha reflexión sobre qué me pasó y hay un perdón absoluto. Hay una frase que a mi me encanta y espero no reventar nada pero que dice: «Ambos hicimos lo que pudimos», y creo que esa frase te da mucha paz.
En cada historia hay que pensar que nadie es el malo, sino que todos lo están haciendo lo mejor que pueden porque realmente todo el mundo actúa desde ahí. La gran mayoría de las personas lo hacemos lo mejor que podemos, esa es nuestra intención, por eso si tú miras al otro desde esta perspectiva cambia mucho la historia. Y por eso, tanto él, en este caso el personaje de Félix, como el mío, ambos hicieron lo que pudieron y está todo bien.
Desde tus inicios en ‘Arrayán’ a estos últimos días en donde desde las tablas de los Luchana en donde has estrenado ‘Si alguna vez hubo nosotros’, ¿Cómo te ha transformado la profesión?
Me ha transformado muchísimo. Al final a pesar de que hay muchos momentos de mucho dolor, también hay momentos de mucho aprendizaje. Es una relación difícil en la que continuamente tienes que estar midiéndote contigo misma. Es el enfrentarte a muchas cosas. Y ahora que ya estoy rodando los cuarenta y aunque todavía no me esté jugando malas pasadas, ahora empezaré con la etapa en la que me miraré al espejo y ya no seré la jovencita que he sido hasta ahora.
Yo he tenido realmente una carrera bastante prolífica y he currado mucho, y estoy profundamente agradecida, pero aún así han habido momentos duros, muy duros. Momentos en los que el teléfono no sonaba o que las expectativas que tenías respecto a ti no se cumplían, muchas ganas de hacer audiovisual y no salir. Es cierto que el teatro nunca me ha abandonado y yo nunca le he abandonado y nunca lo haré porque ha sido mi gran tabla salvavidas. Y sí, lo digo abiertamente, por encima del audiovisual prefiero hacer teatro, sobre todo es por eso, porque es como mi casa, es un perro fiel y nunca se ha ido de mi lado, mientras que el audiovisual tengo a veces la sensación de que tiene algo más caprichoso.
Y se van generando momentos muy difíciles que te afectan a ti como persona y te planteas muchas cosas. Aparte las mujeres tenemos ese handicap que no tienen los hombres de estar pendientes de si estamos guapas, de si no salen canas, que si las arrugas, que si estoy gorda o flaca… ¿sabes? y es muy duro porque hay muchos momentos en los que digo que no me puedo castigar más. Y la gran mayoría de las veces, por no decir todas las veces, es algo que no depende de ti, sino del criterio de una tercera persona y con una industria atroz que se mueve en unos parámetros muy dolorosos.
Por eso, conforme vas cumpliendo años y vas entendiendo más cómo funciona todo, no te queda más remedio que ser benevolente contigo misma y perdonarte todo el daño que te hiciste todos los años anteriores, porque hay mucho machaque. Y hablo por mi, pero creo que hablo también por muchas actrices.
¿Y es por este amor tan profundo que me has descrito por el teatro es por lo que creaste la Compañía Caramala?
Totalmente. La monté con 22 años, mis compañeras eran mayores que yo porque nos llevamos diez años y para mi era un gozo absoluto trabajar con ellas porque eran dos actrices que yo admiraba muchísimo y que estaban muy consagradas. Yo era muy jovencita y para mi esa época fue muy bonita. Quizás ahí no era tan consciente como ahora del amor que sentía por el teatro pero la montamos porque estábamos cansadas de esperar a que nos sonase el teléfono, no queríamos esperar sino ser nosotras quien llamásemos y ser parte activa, y así lo hicimos.
La verdad que nos fue muy bien, tuvimos unos años de muchísimo trabajo y éxito. Y siempre digo que soy la actriz que soy gracias a ese momento y a esa decisión que tomé.
Gracias Noemí por tu tiempo y tu visita. Nos despedimos recordando que podemos verte con ‘Si alguna vez hubo nosotros’ que permanecerá en los Teatros Luchana de Madrid hasta el 5 de octubre y ojalá pronto, por el resto de teatros.
