
El teatro es una de las mejores formas, para, y como siempre digo, remover conciencias, plantearnos cuestiones, mostrar otras realidades y también para salvarnos del mundo exterior, ya sea a través del poder sanador de la risa, o a través de historias que nos hagan vivir otros mundos. Porque si hace apenas 10 días os contábamos que estábamos hipnotizadas en las butacas de otro teatro amigo, viendo una función impactante y de las que remueven, ayer, era la comedia la que nos salvaba. Y esa es la magia del teatro, que ya sea a través del humor y la ironía, o a través de un montaje que desde un escenario bélico nos planteaba si la educación podría salvarnos de todo, este arte consigue que siempre algo dentro de ti se modifique.
Para mi, personalmente, el teatro es además y especialmente, un refugio, es mi sitio donde el dolor se suaviza durante unos instantes y la cancelación por el ruido externo se activa. Y aunque sé que me repito, hoy más que nunca, también es mi lugar más seguro. Es donde río cuando más lo necesito, y donde paro la cabeza cuando nada más consigue controlar sus revoluciones.
Anoche, tuve la gran suerte de poder ver ’53 Domingos’ durante su parada en el Teatro Olympia de Valencia, en donde se encontrará hasta el 18 de octubre. Y este montaje de Cesc Gay me ha sanado, me ha emocionado y me ha hecho tener una sonrisa dibujada en mi rostro durante prácticamente noventa minutos, algo nada fácil y muy de agradecer. Pero eso no es todo, porque no solo reí, sino que también salí del teatro emocionada, Y ¿qué raro podría parecer esto, no? porque si salgo de ver una comedia lo habitual es salir contenta, pero quizás es eso lo que hace aún más especial a este montaje, que consigue desde la propia consciencia de cada uno, que veamos la suerte que tenemos de poder reír gracias a la generosidad de unos intérpretes expertos en ello. Y eso es, precisamente lo que a mi me ha pasado con esta función y con esa felicidad tan bonita que atravesó mi cuerpo y la cual me emocionó.
Porque ’53 Domingos’ es especial, divertida, increíblemente bella y teatral y está protagonizada por un elenco precioso, generoso, experto en la comedia e interpretativamente de Cum Laude.

Y no lo voy a negar, tengo absoluta debilidad por cada uno de ellos y eso que solo conocía sus trabajos a través de la pantalla, por eso, ansiaba verles por fin sobre las tablas y ver que en directo, son igual de talentosos. Así que, qué suerte la mía y qué bonito ha sido.
Candela Serrat es para mi la definición más clara de lo que es una actriz de teatro y con este papel, deja constancia de ello. Su talento y su pasión por las tablas son latentes, pero además, el nexo de unión que tiene con el público, sus pizcas de humor y la complicidad que irradia con sus compañeros son claves para este montaje.
Julián López ha tenido su debut teatral con este papel y qué fortuna ver no solo este esperado estreno, sino también, vivir en persona y dar fe de que su talento para la comedia atraviesa todas las pantallas y paredes posibles. Su ironía, rapidez, versatilidad y humor son admirables y un regalo para quienes tenemos la suerte de disfrutarle. Por eso, su trabajo, una vez más, me ha resultado profundamente sanador y necesario.
Junto a ellos, nos encontramos a Pepa Charro y la preciosidad del trabajo con el que dota de vida a su personaje. Un papel sensible, tierno, divertido y abrazable, y con el que que muchas personas nos podemos sentir identificadas en ciertos momentos. Y es que, aunque es habitual disfrutar de su humor directo, porque ella es de esas personas generosas que da igual que esté delante de las cámaras que detrás, que siempre va a hacer por sacarte una sonrisa, por hacerte reír, con este personaje lo vuelve a hacer, sí, pero desde otro punto muy especial también.
Junto a ellos, Xavi Mira, que desde su interpretación irónica, llena de humor y rapidez, se sincroniza a la perfección con todos sus compañeros, marcando un equilibrio perfecto el cual dota de puntos claves a esta comedia y a este gran equipo.
Sí, Cesc Gay nos ofrece un montaje divertido, emocional y con una gran dirección de intérpretes que se sincronizan a la perfección dentro de un engranaje muy bien coreografiado lleno de ironía, humor y emociones. Una obra más que recomendable y que permanecerá en el Teatro Olympia de Valencia hasta el 18 de octubre, antes de continuar este camino en donde visitarán Alcobendas, Puertollano, Úbeda o Cuenca como próximas paradas de esta gira, que de momento y por suerte, tiene fechas anunciadas hasta marzo de 2027.
